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Polares

 Ha sido un amor subsidiado, un accidente anarquista del destino, un error disfrutado a la distancia; la danza de unas siluetas por las noches, en los recuerdos, en un vientre espumoso.

Dos aguijones envenados,  deshidratando el cuerpo de aquel que muere por no tocar. Porque ambos se protegen y se aman en un exilio paralelo a la realidad. Necesario para ambos, tropezando a medio vivir.

Sospechan que fueron unidos al son de un juego o descaro de los dioses. Inevitable sus aromas, indelebles sus suspiros.  Cansadas las mejillas y los dedos, cansadas y gimiendo las venas; pálidas de tan poca vida.

Sincronización de corazones;  ella llora. Él no respira, y un segundo de oscuridad llega hasta ella. Un segundo para transitarse con sus manos.

¡Oh! Si pudieran engañar a sus cuerpos. Si sólo pudieran darse ese gesto de humanidad; pero la garganta tose: “te  extraño”.

Disfrutan su penitencia, cual dulce y soportable carga;  el pecado conocerse a destiempo. Fue la noche, fue la luna; fue el deshielo de una lágrima.

De nuevo se vieron, chocaron piel y pupilas para romper el vidrio. Sólo quedó el sabor del mar en sus ojos.

¡Malditas geografías epidérmicas!

Hoy, él murió; ella lo supo en un día de lluvia con el sol en sangre.

No aparecieron los ojos negros buscándola, no se sintieron las manos tímidas a sus caderas; no existirán más besos y palabras clandestinas.

riklee:

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Las que amaban la noche entera. Nix décima segunda.

Tenía cuatro tardes esperándola, hoy sería la quinta. Después de la explosión de estrellas y el acecho del pasado en sus bocas, sólo quedaron deseos pendientes y una hambruna constante por la carne; de ella.

Se obligaba a dormir a las tres de la mañana; con los labios húmedos que ardían con la sal del olvido. Diane, no aparecía.

Hoy en la quinta tarde, hoy en la quinta lágrima, arrastrada por la inercia de la soledad y el vacío de sus caderas, se sentó debajo de la regadera para escurrir su dolor. El agua insistía en curarla pero estaba cubierta por tanto dolor, que fue imposible tocar sus ojos.

Llora la Elena, llora la esclava, llora el deseo.

Miró sus manos machadas de azul; hasta su sangre se negaba a quererla. Uso sus dedos como máscara y recordó que era hermosa; los lamió uno a uno y el corazón lanzó un respingo. Estaba viva y su vientre la llamaba. Cerró sus ojos y encontró a Diane en sus dedos; entonces en sus piernas cayó un rayo, un espasmo cortó su vida por siete segundos y su ombligo hirvió hasta dilatarse. Diane regreso a ella y de nuevo la hizo bellamente loca.

Abrió sus ojos y supo que estaba viva; respiración ahogada, labios mordidos y senos en alerta. Caminó desnuda hasta su cama para reposar sus caderas; acostada, era la pose perfecta de una fotografía erótica. Ahí; sola, frágil, hermosa, muy hermosa. Desnuda, haciéndose de nuevo fricción con sus poros.

Estaba muriendo, necesitaba renacer.

9:00 am. Despertó de un salto. ¡El diario de Diane…!

Vodka para cuatro

Tócame por todos lados, en contra esquina de mi boca, en el triángulo de mi nariz, y por favor; por favor, muere en mis manos.

La poesía se arrancia y las letras sólo tiznan. Hasta el amor sufre una devaluación.
Cuando ya no queda ni un reojo en la cama, ¿qué queda? Orgasmos en honor a un tercero.

Polares

 Ha sido un amor subsidiado, un accidente anarquista del destino, un error disfrutado a la distancia; la danza de unas siluetas por las noches, en los recuerdos, en un vientre espumoso.

Dos aguijones envenados,  deshidratando el cuerpo de aquel que muere por no tocar. Porque ambos se protegen y se aman en un exilio paralelo a la realidad. Necesario para ambos, tropezando a medio vivir.

Sospechan que fueron unidos al son de un juego o descaro de los dioses. Inevitable sus aromas, indelebles sus suspiros.  Cansadas las mejillas y los dedos, cansadas y gimiendo las venas; pálidas de tan poca vida.

Sincronización de corazones;  ella llora. Él no respira, y un segundo de oscuridad llega hasta ella. Un segundo para transitarse con sus manos.

¡Oh! Si pudieran engañar a sus cuerpos. Si sólo pudieran darse ese gesto de humanidad; pero la garganta tose: “te  extraño”.

Disfrutan su penitencia, cual dulce y soportable carga;  el pecado conocerse a destiempo. Fue la noche, fue la luna; fue el deshielo de una lágrima.

De nuevo se vieron, chocaron piel y pupilas para romper el vidrio. Sólo quedó el sabor del mar en sus ojos.

¡Malditas geografías epidérmicas!

Hoy, él murió; ella lo supo en un día de lluvia con el sol en sangre.

No aparecieron los ojos negros buscándola, no se sintieron las manos tímidas a sus caderas; no existirán más besos y palabras clandestinas.

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Las que amaban la noche entera. Nix décima segunda.

Tenía cuatro tardes esperándola, hoy sería la quinta. Después de la explosión de estrellas y el acecho del pasado en sus bocas, sólo quedaron deseos pendientes y una hambruna constante por la carne; de ella.

Se obligaba a dormir a las tres de la mañana; con los labios húmedos que ardían con la sal del olvido. Diane, no aparecía.

Hoy en la quinta tarde, hoy en la quinta lágrima, arrastrada por la inercia de la soledad y el vacío de sus caderas, se sentó debajo de la regadera para escurrir su dolor. El agua insistía en curarla pero estaba cubierta por tanto dolor, que fue imposible tocar sus ojos.

Llora la Elena, llora la esclava, llora el deseo.

Miró sus manos machadas de azul; hasta su sangre se negaba a quererla. Uso sus dedos como máscara y recordó que era hermosa; los lamió uno a uno y el corazón lanzó un respingo. Estaba viva y su vientre la llamaba. Cerró sus ojos y encontró a Diane en sus dedos; entonces en sus piernas cayó un rayo, un espasmo cortó su vida por siete segundos y su ombligo hirvió hasta dilatarse. Diane regreso a ella y de nuevo la hizo bellamente loca.

Abrió sus ojos y supo que estaba viva; respiración ahogada, labios mordidos y senos en alerta. Caminó desnuda hasta su cama para reposar sus caderas; acostada, era la pose perfecta de una fotografía erótica. Ahí; sola, frágil, hermosa, muy hermosa. Desnuda, haciéndose de nuevo fricción con sus poros.

Estaba muriendo, necesitaba renacer.

9:00 am. Despertó de un salto. ¡El diario de Diane…!

agnes-cecile:

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Vodka para cuatro

Tócame por todos lados, en contra esquina de mi boca, en el triángulo de mi nariz, y por favor; por favor, muere en mis manos.

La poesía se arrancia y las letras sólo tiznan. Hasta el amor sufre una devaluación.
Cuando ya no queda ni un reojo en la cama, ¿qué queda? Orgasmos en honor a un tercero.

Polares
Las que amaban la noche entera. Nix décima segunda.
Vodka para cuatro

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Musas.
Relato y poesía corta.

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