Polares
Ha sido un amor subsidiado, un accidente anarquista del destino, un error disfrutado a la distancia; la danza de unas siluetas por las noches, en los recuerdos, en un vientre espumoso.
Dos aguijones envenados, deshidratando el cuerpo de aquel que muere por no tocar. Porque ambos se protegen y se aman en un exilio paralelo a la realidad. Necesario para ambos, tropezando a medio vivir.
Sospechan que fueron unidos al son de un juego o descaro de los dioses. Inevitable sus aromas, indelebles sus suspiros. Cansadas las mejillas y los dedos, cansadas y gimiendo las venas; pálidas de tan poca vida.
Sincronización de corazones; ella llora. Él no respira, y un segundo de oscuridad llega hasta ella. Un segundo para transitarse con sus manos.
¡Oh! Si pudieran engañar a sus cuerpos. Si sólo pudieran darse ese gesto de humanidad; pero la garganta tose: “te extraño”.
Disfrutan su penitencia, cual dulce y soportable carga; el pecado conocerse a destiempo. Fue la noche, fue la luna; fue el deshielo de una lágrima.
De nuevo se vieron, chocaron piel y pupilas para romper el vidrio. Sólo quedó el sabor del mar en sus ojos.
¡Malditas geografías epidérmicas!
Hoy, él murió; ella lo supo en un día de lluvia con el sol en sangre.
No aparecieron los ojos negros buscándola, no se sintieron las manos tímidas a sus caderas; no existirán más besos y palabras clandestinas.
Las que amaban la noche entera. Nix décima segunda.
Vodka para cuatro
Tócame por todos lados, en contra esquina de mi boca, en el triángulo de mi nariz, y por favor; por favor, muere en mis manos.
La poesía se arrancia y las letras sólo tiznan. Hasta el amor sufre una devaluación.
Cuando ya no queda ni un reojo en la cama, ¿qué queda? Orgasmos en honor a un tercero.

